Luna Menguante: Significado Astrológico, Energía y Cómo Aprovechar Esta Fase

La luna que retrocede hacia sí misma
Existe un momento preciso en el ciclo lunar en el que la luz comienza a retirarse. No de golpe, sino con la misma elegancia discreta con la que se apaga una conversación agotada, poco a poco, hasta que el silencio lo llena todo. Ese momento es el inicio de la luna menguante. Ocurre justo después de la luna llena: el disco blanco que iluminaba las noches va perdiendo grosor por su lado izquierdo, noche tras noche, hasta que se transforma en una rodaja fina como una ceja y, finalmente, en oscuridad total.
En castellano, el verbo "menguar" lo explica sin adornos: disminuir, decrecer, reducirse. Y esa descripción puramente física ya contiene la metáfora completa. La luna menguante nos habla de reducción, de vaciado, de contención. Frente a la luna creciente, que empuja y expande, la menguante recoge y concentra. Frente a la luna llena, que irradia y expone, la menguante filtra y depura.
Para comprender bien esta fase, conviene situarla en el ciclo completo. El ciclo lunar dura aproximadamente veintinueve días y medio, y en él se distinguen cuatro fases principales: la luna nueva, la creciente, la llena y la menguante. Pero la menguante no es una fase monolítica. A su vez, se articula en tres momentos de naturaleza distinta: la luna gibosa menguante, el cuarto menguante y la luna balsámica. Conocer la diferencia entre estos tres momentos no es un tecnicismo académico: es una herramienta de orientación interior que permite afinar el uso consciente del tiempo.
La luna gibosa menguante: el primer suspiro de alivio
La luna gibosa menguante comienza justo después de la luna llena y se extiende hasta el cuarto menguante. Durante este período, la luna todavía muestra más de la mitad de su superficie iluminada, pero ya está en retirada. En la tradición astrológica occidental, este momento equivale al período posterior a la cosecha: el esfuerzo ya se hizo, los resultados ya llegaron —o no llegaron— y ahora toca asimilar. Es el primer suspiro de alivio después de la tensión del plenilunio.
Astrológicamente, la gibosa menguante es propicia para la difusión y la enseñanza. Es un tiempo para compartir lo aprendido, para consolidar lo que se ha conseguido, para revisar con calma los frutos de la etapa anterior. La energía todavía no está completamente retirada, pero ya no empuja hacia adelante: se vuelve hacia adentro con suavidad. No es momento de inaugurar, sino de explicar, de documentar, de transmitir.
En términos prácticos, este periodo invita a limpiar el escritorio metafórico y literal, a revisar los correos que se dejaron pendientes, a ordenar las ideas que la intensidad de la luna llena dejó en desorden. La mente empieza a ralentizarse de manera natural, y resistir esa ralentización es un error frecuente en una cultura que celebra la aceleración constante.
El cuarto menguante: el momento de la revisión crítica
Si la luna gibosa menguante es el suspiro, el cuarto menguante es la exhalación completa. En este momento, la luna muestra exactamente la mitad de su disco iluminado, pero en el lado contrario a como lo hacía en el cuarto creciente. Es un espejo invertido de aquel momento de impulso. Y ese espejo lo dice todo sobre su naturaleza.
El cuarto menguante es la fase de la revisión crítica. Es el momento en que el agricultor —usando la metáfora que la tradición agraria ha inscrito en el lenguaje de la astrología desde la Antigüedad— examina la cosecha y decide qué guardará para la siguiente siembra y qué dejará pudrirse en el campo. No hay romanticismo en esa decisión: es pragmática, necesaria y a veces dolorosa.
Jung habría reconocido en esta fase la función trascendente del inconsciente actuando sobre lo acumulado. En el cuarto menguante, lo que no se ha procesado emocionalmente tiende a emerger con más claridad, a veces en forma de sueños vívidos, a veces como una sensación de fatiga que no responde al sueño físico sino a la carga emocional no resuelta. No es patología: es el mecanismo natural de depuración de la psique.
La luna balsámica: el vacío fértil
La fase balsámica —a veces llamada también luna oscura— es el tramo final del ciclo menguante. Ocurre en los últimos días antes de la luna nueva y recibe su nombre de los bálsamos, esas resinas y ungüentos de propiedades curativas que en la tradición farmacéutica antigua se usaban para limpiar heridas y preparar la piel para la regeneración. El nombre no es casual: la luna balsámica es el tiempo de la curación silenciosa.
Esta fase es quizás la más difícil de habitar en el mundo contemporáneo, porque exige una capacidad que la modernidad ha desprestigiado: la de no hacer nada. O más exactamente, la de hacer algo que no produce resultados medibles. La luna balsámica pide contemplación, silencio, integración. Es el espacio entre dos respiros, el intervalo entre dos notas musicales que le da sentido a la melodía.
El simbolismo astrológico de la luna menguante
La astrología occidental clásica asocia la luna con el principio de la receptividad, con el mundo de los afectos y las emociones, con la memoria y con el cuerpo tal como lo habitamos desde adentro. La luna no simboliza la razón —ese es dominio del Sol— sino la respuesta emocional al mundo, la forma en que absorbemos y procesamos lo que vivimos.
En ese marco, la luna menguante representa el trabajo de integración posterior a la experiencia. Si la luna nueva es la semilla y la luna llena es el fruto maduro, la luna menguante es el proceso de digestión: lento, invisible, indispensable. Sin digestión no hay nutrición; sin menguante no hay luna nueva real.
La tradición herméticaoccidental —que informó a astrólogos como Aleister Crowley y a intérpretes del siglo XX como Sallie Nichols, cuya obra sobre el Tarot y la psique es de consulta obligada en círculos esotéricos anglosajones— entiende la menguante como el momento en que la energía desciende del plano de la manifestación al plano de la potencialidad. No desaparece: se transforma. Y esa transformación requiere un movimiento hacia adentro, una suspensión temporal de la proyección hacia el exterior.
Soltura y liberación: la menguante como práctica de desapego
Uno de los conceptos centrales asociados a la luna menguante es la soltura. No se trata de resignación, sino de discernimiento activo: reconocer qué situaciones, vínculos, hábitos o creencias han cumplido su función y ya no generan crecimiento, y tomar la decisión consciente de dejarlos ir.
Esta soltura no es siempre dramática. A veces se manifiesta en gestos pequeños y cotidianos: tirar ropa que ya no usamos, cerrar una carpeta de proyectos abandonados, borrar mensajes que guardamos por costumbre pero que ya no dicen nada verdadero sobre quiénes somos. En otras ocasiones, la soltura de la menguante es más profunda: implica revisitar una herida antigua para finalmente cerrarla, o reconocer que una relación ha terminado mucho antes de que la conversación lo confirme.
La astrología no impone ninguna de estas acciones, pero ofrece un marco temporal para realizarlas. La menguante dice: "ahora el cielo acompaña lo que quieres soltar". Esa coincidencia entre el ritmo cósmico y el ritmo interior no es magia en el sentido supersticiosos del término, sino sincronización: el aprovechamiento de un momento propicio para hacer lo que de todas formas hay que hacer.
La contracorriente de la creciente: entender la polaridad
Para comprender plenamente la menguante, es útil contraponerla con la creciente, su opuesta complementaria. La luna creciente es la fase del impulso, del inicio, de la acumulación de energía. Es el momento de plantar, de abrir proyectos, de comprometerse con nuevas direcciones. La creciente favorece la extroversión, la acción y la expansión.
La menguante, por definición, invierte ese vector. Donde la creciente empuja hacia adelante, la menguante frena y reflexiona. Donde la creciente acumula, la menguante libera. Esta polaridad no implica que la menguante sea una fase menor o inferior: implica que tiene una función distinta, igualmente necesaria. Un árbol que solo creciera sin jamás perder hojas no sería un árbol saludable; sería un árbol que no sabe cómo prepararse para el invierno.
La cultura occidental moderna ha tendido a privilegiar los valores de la creciente —el crecimiento, la productividad, la novedad— y a devaluar los valores de la menguante —la quietud, la revisión, el fin. Pero esa preferencia no es neutra: tiene costes concretos en forma de agotamiento, de proyectos sobreextendidos, de vínculos que se arrastran más allá de su fecha de caducidad. La menguante ofrece una corrección saludable a esa tendencia.
Actividades prácticas durante la luna menguante
Conocer el simbolismo de la luna menguante no sirve de mucho si no se aterriza en la vida cotidiana. La tradición astrológica peninsular —recogida y divulgada en España por autoras como Esther Sevilla— ha elaborado a lo largo de los siglos un repertorio de actividades que sintonizan con la energía de esta fase. No se trata de supersticiones: se trata de alinear el ritmo de las acciones con el ritmo del ciclo, de la misma manera en que un agricultor tradicional tenía en cuenta la fase lunar para decidir cuándo podar, cuándo sembrar y cuándo dejar descansar la tierra.
Limpieza y organización
La limpieza en luna menguante tiene una larga historia en las tradiciones populares españolas. No es casualidad que muchos refranes castellanos vinculen la "menguante" con el momento de "vaciar" y "limpiar". En un plano práctico, esto se traduce en realizar limpiezas profundas del hogar, deshacerse de objetos acumulados, revisar armarios y cajones, y descartar lo que ya no tiene uso. La energía menguante acompaña el proceso de vaciado y hace que ese vaciado resulte más fácil y natural.
En un plano más sutil, la limpieza de la menguante también puede aplicarse al cuerpo: es un momento propicio para comenzar ayunos o depuraciones suaves, para reducir estimulantes como el café o el alcohol, para dedicar más atención al sueño y al descanso. El cuerpo, como la luna, tiene sus propios ritmos de expansión y contracción, y apoyar su fase de contracción es una forma de inteligencia somática.
Finalización de proyectos y cierre de ciclos
La luna menguante es el momento ideal para cerrar lo que se ha dejado abierto. Proyectos que comenzaron en luna creciente y se desplegaron durante la llena necesitan ahora un cierre digno. Ese cierre puede adoptar múltiples formas: redactar el informe final de un trabajo, enviar el correo que se ha pospuesto, tener la conversación incómoda que se ha estado evitando, o simplemente reconocer internamente que algo ha terminado.
El acto de cerrar no es derrota. En la lógica de la menguante, cerrar bien un ciclo es la condición para que el siguiente pueda comenzar con fuerza. La luna nueva que vendrá después de la balsámica necesita tierra limpia para plantar sus semillas. Si esa tierra está todavía ocupada por los escombros de lo anterior, el nuevo ciclo arrancará con una desventaja estructural.
Lo que conviene evitar en luna menguante
Tan importante como saber qué hacer es saber qué no hacer. La luna menguante no es el momento para inaugurar negocios, firmar contratos importantes, comenzar relaciones o lanzar proyectos que necesiten expansión y crecimiento sostenido. Tampoco es el momento óptimo para cirugías programadas no urgentes —la tradición astrológica, apoyada en la observación empírica de muchos practicantes, señala que la menguante favorece una cicatrización más lenta y una recuperación más trabajosa.
Esta precaución no es dogma: es orientación. Hay decisiones que la vida impone independientemente de la fase lunar, y nadie debería paralizar su existencia esperando la creciente para actuar. Pero cuando hay libertad para elegir el momento, elegir conscientemente tiene sentido. La luna menguante dice: "espera, revisa, prepárate". Escuchar ese consejo no es debilidad: es sabiduría táctica.
El corte de cabello en luna menguante
El corte de cabello en función de la fase lunar es una de las tradiciones más extendidas en España y en el sur de Europa en general. En luna creciente, se recomienda cortar el cabello para favorecer su crecimiento rápido y su fortaleza. En luna menguante, la tradición indica lo contrario: cortar en menguante favorece que el cabello crezca más despacio, lo que puede ser deseable en ciertos contextos —por ejemplo, cuando se quiere mantener un corte o cuando se busca reducir la densidad de volumen.
Más allá de la eficacia empírica —que los estudios científicos formales no han confirmado ni refutado de manera concluyente—, esta práctica tiene un valor cultural y simbólico indudable. Es una manera de incorporar el ritmo lunar a los rituales cotidianos del cuidado personal, de hacer consciente lo que de otra forma sería una acción mecánica. En ese sentido, independientemente de su efecto capilar, el corte en menguante es un acto de atención, y la atención siempre transforma.
La apología del descanso: resistencia a la productividad ininterrumpida
Si hay un aspecto de la luna menguante que resulta especialmente subversivo en la cultura contemporánea, es su defensa radical del descanso. No del descanso como pausa instrumental para luego rendir más, sino del descanso como valor en sí mismo, como parte legítima e insustituible del ciclo vital.
La modernidad tardía ha construido una narrativa en la que el tiempo que no produce es tiempo malgastado. Esa narrativa tiene un precio altísimo, que se paga en forma de ansiedad crónica, de agotamiento estructural, de una incapacidad progresiva para estar en silencio sin llenarlo inmediatamente de estímulo. La luna menguante irrumpe en esa narrativa como una voz disonante: "la cosecha ya se hizo; ahora toca dejar descansar el campo".
El descanso activo y la integración del inconsciente
El descanso que propone la menguante no es el descanso pasivo del agotamiento. Es lo que podríamos llamar descanso activo: el tiempo dedicado a actividades que no producen resultados medibles pero que alimentan la vida interior. La contemplación, la lectura lenta, los paseos sin destino, la conversación sin agenda, el sueño generoso. Actividades que la modernidad catalogaría como improductivas y que, sin embargo, son las que permiten que el inconsciente haga su trabajo de integración.
Jung fue quizás el pensador del siglo XX que con más rigor articuló la necesidad de este tipo de tiempo. Su concepto de la función transcendente —la capacidad de la psique para generar síntesis creativas a partir del diálogo entre consciente e inconsciente— requiere condiciones de quietud interior. Esas condiciones no se producen en la aceleración constante. Requieren exactamente el tipo de pausa que la luna menguante representa y sanciona.
En términos concretos, apoyar el descanso activo durante la menguante puede significar: aumentar las horas de sueño, incorporar meditación o práctica contemplativa, reducir la exposición a pantallas y redes sociales, pasar más tiempo en la naturaleza, llevar un diario de sueños. Ninguna de estas actividades produce un resultado visible al día siguiente. Pero su efecto acumulado sobre la salud psíquica y emocional es profundo y duradero.
El vacío como condición de posibilidad
Hay una paradoja en el corazón de la luna menguante: para que algo nuevo pueda comenzar, primero tiene que haber espacio. Y el espacio no se crea añadiendo, sino quitando. La balsámica lleva esta lógica a su extremo: en los días previos a la luna nueva, la oscuridad es casi total, y esa oscuridad no es una ausencia de sentido sino su incubación.
Las tradiciones contemplativas europeas —desde la mística castellana de san Juan de la Cruz hasta la filosofía estoica que tanto influencia ha ejercido en la cultura española— conocen bien este territorio. La "noche oscura del alma" de Juan de la Cruz no es un fracaso espiritual: es el preludio indispensable de una renovación más profunda. La luna balsámica es, en el lenguaje de la astrología, esa noche oscura cíclica y manejable: un recordatorio mensual de que el vacío no es el final, sino la condición de posibilidad de lo que viene.
Rituales y prácticas intencionales en luna menguante
La palabra "ritual" asusta a veces por sus connotaciones mágicas o religiosas. Pero un ritual, en su sentido más elemental, es simplemente una acción revestida de intención. Encender una vela con la intención de iluminar algo que quieres ver con claridad es un ritual. Escribir en un diario con la intención de procesar una emoción es un ritual. La luna menguante ofrece un marco natural para estos actos de intención consciente.
El ritual de la escritura liberadora
Una práctica efectiva durante la menguante es la escritura liberadora: dedicar un tiempo —puede ser solo quince o veinte minutos— a escribir sin censura todo lo que se quiere soltar. No para releerlo ni compartirlo, sino para sacarlo del espacio interior y darle forma externa. Muchas tradiciones contemplan el paso final de quemar o destruir el papel como gesto simbólico de liberación.
Esta práctica tiene base en la psicología contemporánea: la escritura expresiva, estudiada entre otros por el psicólogo James Pennebaker, ha demostrado efectos mensurables sobre el bienestar emocional y la salud física. Hacerla en luna menguante no cambia su mecanismo psicológico, pero sí añade una dimensión simbólica que puede potenciar su efecto al conectar el acto personal con un ritmo más amplio.
El ritual del inventario
Otra práctica característica de la menguante es el inventario: revisar de manera sistemática distintas áreas de la vida —relaciones, proyectos, hábitos, creencias— y preguntarse honestamente cuáles están en alineamiento con los valores actuales y cuáles han quedado obsoletas. Este inventario no busca la autoflagelación sino la claridad. No se trata de juzgar las elecciones pasadas sino de evaluar su vigencia presente.
El inventario de la menguante es una práctica de lucidez. Y la lucidez, aunque a veces incómoda, es siempre liberadora. Saber con claridad qué ya no funciona es el primer paso para modificarlo. La menguante ofrece el estado de ánimo propicio para esa claridad: la energía está suficientemente baja para que la mente no esté en modo de conquista, y suficientemente presente para que el análisis sea genuino y no mero escapismo.
La siembra de raíces en luna menguante
En la tradición agraria española, que ha convivido con el calendario lunar durante siglos, la luna menguante era el momento elegido para sembrar determinados cultivos, especialmente aquellos en los que la parte valiosa crece bajo tierra: rábanos, zanahorias, patatas, cebollas, ajos, remolachas. La lógica que subyace a esta práctica es la misma que articula toda la simbologíade la menguante: la energía se mueve hacia adentro, hacia las raíces, hacia lo profundo e invisible.
Esta práctica, transmitida de generación en generación en las comunidades rurales de Castilla, Extremadura y Andalucía, se conserva hoy tanto en la agricultura biodinámica contemporánea como en los calendarios lunares de jardinería que muchos aficionados españoles siguen con regularidad. Más allá de su eficacia agronómica —que los estudios formales tratan con cautela—, esta práctica mantiene viva una forma de inteligencia ecológica que conecta al ser humano con los ritmos naturales del planeta.
Signos zodiacales y la luna menguante
La luna menguante no tiene siempre la misma tonalidad. Según el signo zodiacal por el que transita la luna en cada fase menguante, el énfasis de esa energía de cierre varía. No es igual una menguante en Escorpio —intensa, excavadora, orientada a la transformación profunda— que una menguante en Géminis —más ligera, orientada a revisar las comunicaciones y las ideas.
Conocer el signo por el que transita la luna menguante en un momento dado permite afinar las prácticas. Una menguante en Virgo favorecerá especialmente la limpieza y la organización detallada. Una menguante en Capricornio será propicia para revisar los objetivos profesionales y soltar las ambiciones que ya no resuenan. Una menguante en Piscis invitará a la introspección más espiritual y a la conexión con los sueños y la imaginación.
Esta capa de lectura añade profundidad al trabajo con la menguante sin hacerlo innecesariamente complicado. Basta con consultar por qué signo transita la luna cada semana para ajustar, con discernimiento y sin rigidez, las actividades y la atención interior de cada momento.
La menguante en signos de agua: el tiempo de las emociones
Cuando la luna menguante transita por Cáncer, Escorpio o Piscis, la energía de soltura se orienta principalmente hacia el plano emocional. Son momentos especialmente propicios para trabajar con heridas afectivas, para revisar patrones relacionales, para hacer terapia o para practicar técnicas de liberación emocional como el EFT o la escritura expresiva.
Los signos de agua intensifican la sensibilidad durante la menguante, lo que puede manifestarse como mayor emotividad, mayor propensión al llanto o una necesidad acentuada de soledad y silencio. Estos síntomas no son debilidad: son señales de que el proceso de depuración está en marcha. La resistencia a ese proceso es lo que genera el malestar; la entrega consciente a él es lo que produce el alivio.
La luna menguante y el Tarot
La conexión entre el ciclo lunar y el Tarot tiene raíces profundas en la tradición hermética occidental. Sallie Nichols, en su obra fundamental sobre Jung y el Tarot, exploró la correspondencia entre los arquetipos del Tarot y los ciclos de la psique, y esa correspondencia tiene resonancias naturales con las fases lunares.
La luna menguante se asocia especialmente con la carta de La Luna en el Tarot, que en el sistema de Waite-Smith representa el mundo del inconsciente, de las ilusiones que deben ser atravesadas y de los miedos que hay que enfrentar para acceder a una comprensión más profunda de la realidad. Pero también resuena con El Ermitaño, figura de la introspección, el retiro voluntario y la búsqueda interior, y con La Estrella, que en algunas lecturas representa la fase de curación y renovación que sigue a la destrucción de la Torre.
Trabajar con el Tarot durante la luna menguante puede ser especialmente revelador. Las preguntas propias de esta fase —¿qué estoy aferrando innecesariamente?, ¿qué necesita cerrarse?, ¿qué debo integrar antes de seguir adelante?— encuentran en el Tarot un espejo arquetípico que amplifica y clarifica la comprensión interior.
Una tirada sencilla para la menguante podría incluir tres cartas: la primera, lo que todavía cargo y necesito soltar; la segunda, lo que el proceso de soltura está liberando en mí; la tercera, la energía que necesito cultivar para llegar renovado a la próxima luna nueva. Esta tirada no predice el futuro: genera un diálogo entre el consciente y los estratos más profundos de la psique, exactamente el tipo de diálogo que la menguante favorece.
Preguntas frecuentes sobre la luna menguante
¿Cuánto dura la luna menguante?
La luna menguante dura aproximadamente catorce días, desde el momento posterior a la luna llena hasta la luna nueva. Sin embargo, esta duración varía ligeramente de un ciclo a otro debido a la órbita elíptica de la luna. Dentro de esos catorce días, se distinguen tres fases: la gibosa menguante, que ocupa los primeros días; el cuarto menguante, que marca el punto intermedio; y la luna balsámica, que constituye los últimos días antes de la nueva. Cada una de estas subfases tiene su propia energía y sus actividades más afines.
¿Cómo sé cuándo es la luna menguante?
La manera más sencilla de saber cuándo estamos en luna menguante es observar la luna en el cielo. Cuando el lado iluminado se encuentra a la izquierda del disco lunar (desde el hemisferio norte), la luna está menguando. También se puede consultar cualquier calendario lunar, disponible en múltiples aplicaciones móviles y sitios web especializados en astrología. Una vez que se comienza a prestar atención al ciclo lunar, la memoria del cuerpo lo integra con sorprendente facilidad: muchas personas notan los cambios de energía antes de consultar ningún calendario.
¿Qué no se debe hacer en luna menguante?
La luna menguante no es el momento más favorable para iniciar proyectos que requieran expansión y crecimiento sostenido, como abrir un negocio, comenzar una relación romántica desde cero, firmar contratos que impliquen compromisos a largo plazo o lanzar una campaña de comunicación que necesite gran visibilidad. Tampoco es el momento ideal para procedimientos médicos o estéticos programables, como cirugías, dado que la tradición astrológica señala que la recuperación puede ser más lenta. Esta orientación no es una prohibición absoluta, sino una guía para quienes tienen libertad de elegir el momento de sus acciones.
¿La luna menguante afecta el sueño?
Sí, muchas personas reportan alteraciones en el sueño durante la luna menguante, especialmente en su transición hacia la balsámica. Estos cambios incluyen una mayor tendencia a los sueños vívidos o intensos, un sueño más ligero o fragmentado en los primeros días de la menguante, y una necesidad aumentada de horas de descanso hacia el final del ciclo. La astrología interpreta estos fenómenos como señales del trabajo que el inconsciente realiza durante esta fase. Desde una perspectiva más pragmática, la recomendación es la misma: respetar esa mayor necesidad de descanso, reducir los estímulos nocturnos y favorecer un ambiente propicio para el sueño profundo.
¿Qué relación tiene la luna menguante con el ciclo menstrual?
La relación entre el ciclo menstrual y el ciclo lunar ha sido objeto de estudio y especulación durante siglos. La tradición astrológica occidental, y en particular la ginecología popular española de raíz rural, ha señalado correspondencias entre las fases lunares y las distintas etapas del ciclo menstrual. En muchas tradiciones, la menstruación se asocia con la luna nueva o balsámica, el período de mayor interiorización y limpieza, mientras que la ovulación se corresponde con la luna llena. Las fases menguantes, en este marco, equivalen al período premenstrual: el tiempo de descenso energético, mayor sensibilidad emocional y necesidad de reducir la actividad externa. Esta correspondencia no es universal —los ciclos biológicos individuales varían enormemente—, pero para muchas mujeres resulta un marco útil para comprender y honrar los ritmos de su propio cuerpo.
¿La luna menguante es una fase negativa o desfavorable?
En absoluto. La luna menguante no es una fase negativa: es una fase de cierre, limpieza y preparación, tan necesaria e importante como la creciente o la llena. El malentendido de considerarla desfavorable proviene de una lógica que solo valora la expansión y el crecimiento, y que considera el repliegue como un fracaso. La astrología clásica occidental entiende el ciclo lunar como un sistema completo en el que cada fase cumple una función indispensable. La menguante es la que permite que todo lo demás ocurra: sin ella, no habría tierra limpia para la siguiente siembra, ni espacio interior para recibir lo nuevo. En ese sentido, la menguante no solo no es negativa; es, para muchas personas, la fase más sabia y más íntima de todas.
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